martes, 2 de agosto de 2016

Cuando la viña es un laboratorio

 

 

Abdón Segovia, un bodeguero de la DO Toro, dice haber encontrado una solución al problema de la yesca tras un año de experimentos en sus cepas

20.01.2015 | 00:26    LA OPINION

Abdón Segovia, junto a unas barricas de la bodega de Bernard Magrez que atiende.

 
Cuando, en 2003, las autoridades prohibieron a los viticultores utilizar arsenito sódico en las cepas debido a sus altos niveles de toxicidad -que provocaban grandes problemas de salud a quienes los manipulaban, a los animales que entraban en contacto con él y a los acuíferos-, muchos bodegueros temieron por la salud de sus cepas, ya que ese producto era el único capaz de combatir la yesca, un hongo que afecta a la madera de la vid y puede provocar la muerte de alguno de los brazos o incluso de la cepa entera.
Al dejar de usar ese producto, los viticultores de la DO Toro se vieron indefensos ante un problema que puede causar graves pérdidas en una zona en la que el número de vides por hectárea es mucho menor que en otros territorios de España. Abdón Segovia, viticultor y bodeguero de Morales de Toro, decidió empezar a probar posibles soluciones a un problema que, sobre todo a partir del año 2012, se cebó con las cepas de la zona.
"Sólo nos quedaba ir a lo que hacían nuestros antepasados de abrir la cepa para que entrase el aire ya el hongo de la yesca muere cuando le toca el oxígeno", comenta Segovia. Así, empezó a buscar productos en su bodega que tuvieran oxígeno para hacer experimentos y tratar sus cepas. Primero probó con el oxígeno que se utiliza para el embotellado, el mismo que usan las personas con problemas respiratorios, sin mucho resultado ya que, al estar a presión, se evaporaba y permanecía poco tiempo.
En el siguiente experimento, el bodeguero dio con el producto que sería la clave para el tratamiento. El elegido era el peróxido de hidrógeno, utilizado normalmente para las desinfecciones, ya que mata bacterias y hongos, y muy usado en industria alimentaria. "Al mismo tiempo he experimentado con otros diez productos para ver la relación y las consecuencias y averiguar cuál era la mejor solución. En algunos casos he matado la cepa, en otros no han hecho efecto, otros, como la plata coloidal ha matado la yesca pero la planta ha quedado intoxicada o amarillenta y queda residuo", afirma Segovia. Sin embargo, con el peróxido de hidrógeno ha encontrado una buena solución a un problema muy extendido. "La madera que quedaba prácticamente como paja ha quedado sanada y las uvas en perfecto estado", cuenta el viticultor, que espera ver cómo responden las cepas este segundo año. "Si corrige esa enfermedad no solamente en una primavera, podríamos llegar a acabar con el problema de la yesca en unos años", anuncia.
Segovia también afirma que este producto puede actuar contra otros hongos que entran y se alían con la yesca, como la armillaria, que puede provocar la muerte súbita de las viñas. "La yesca provoca la muerte de parte de la planta, pero sin estos ataques de otros patógenos, actúa muy lentamente en viñas viejas y algo más rápido en las jóvenes, pero se podía tratar con el producto. Si hay muerte súbita, no hay solución", afirma. "Las pérdidas vienen arrastradas además porque, cuando una viña muere, las de alrededor aprovechan el terreno y una nueva cepa no tiene vigor para crecer", relata.
"Yo recomiendo marcar las cepas infectadas que hayamos visto con problemas en las hojas en la vendimia. Deberíamos podarlas 25 días antes que el resto para que las esporas no afecten a las cepas abiertas. Tras la poda es recomendable darle un sellante en los cortes. He probado en distintas cantidades, desde el 10% al 50%, el producto puro. Aplicándolo en una proporción entre el 20% o el 30% inmediatamente después de la poda es suficiente", recomienda. "Otro sistema que me ha funcionado bien es tratar de forma preventiva el resto de las plantas con la pistola y el producto diluido entre el 5% y 10% ahora en invierno. También apliqué el producto a las plantas que tuvieron un rebrote o que estaban enfermas y no se habían tratado, tratándolas por vía foliar en espolvoreo y a chorro en la madera cuando la uva está a tamaño guisante. Al 2%, es suficiente y efectivo para que la uva prospere, ya que con más porcentaje se quema la hoja", concluye Segovia.
"Animo todos los compañeros a que no se fíen de mi palabra y hagan sus experimentos para ver qué funciona mejor, ya que no cuesta tanto, es apasionante y puede tener efectos muy positivos", declara este bodeguero amante de la naturaleza, que actualmente continúa investigando aspectos diversos de la biodinámica. Cómo afectan las fases de la Luna en los injertos de las vides o qué plantas pueden atraer o repeler a los insectos en los viñedos para evitar usar demasiados pesticidas son sus próximos objetos de estudio. "No soy ningún investigador, pero me gusta el medioambiente y hacer pruebas. Se pueden tener unas viñas sanas sin tantos productos agresivos y, en los vinos, se nota", cuenta.

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